La conversación sobre el costo suele reducirse al reparto de utilidad. Pero entre el momento en que se firma la promesa y el día de la conformidad hay una serie de costos —algunos obvios, otros no— que alguien va a asumir. Si no está definido quién, se define en caliente y casi siempre mal.
Costos visibles
Formalización y notaría
La promesa de consorcio y, después, el contrato de consorcio tienen costos de legalización o elevación a escritura pública según lo que exijan las bases y la Entidad. Son montos menores respecto de la obra, pero conviene definir desde el inicio quién adelanta y cómo se reparten, sobre todo porque se incurren antes desaber si se gana.
Garantías
Es el costo visible más relevante. La garantía de fiel cumplimiento por el diez por ciento del contrato tiene una comisión que se paga por el plazo íntegro de vigencia, más gastos de emisión y portes. Si hay adelantos, se suma la garantía por adelantos.
Y hay dos costos asociados que rara vez se contabilizan: la línea consumida por el socio que consigue la garantía, que es capacidad que deja de usar en otras obras, y las contragarantías que otorga —aval de sus accionistas, pagaré, depósitos en garantía—. Ninguno de los dos aparece en una factura, y ambos son un costo real de quien los asume.

Gastos generales compartidos
Oficina de obra, residencia, administración, seguros, movilidad, servicios. En una empresa sola son gastos generales; en un consorcio son gastos comunes que hay que prorratear, y cada partida no definida es una discusión mensual.
Control de la caja común
Una cuenta mancomunada tiene costo mínimo. Un fideicomiso de administración tiene costo de estructuración y comisión de administración. La pregunta correcta no es cuánto cuesta, sino cuánto cuesta no tenerlo: el conflicto más frecuente entre consorciados es la disposición unilateral de fondos, y su costo no se mide en comisiones.
Estructuración y administración
Alguien tiene que buscar al socio, verificarlo, calcular la estructura, redactar el contrato y después sostener la administración mes a mes. Cuando lo hace uno de los socios, ese trabajo tiene un costo que debería reconocerse por separado en lugar de diluirse en el reparto de utilidad.
Cómo se reparten entre socios
| Costo | Criterio de reparto habitual | Qué conviene revisar |
|---|---|---|
| Formalización | Por porcentaje de participación | Quién adelanta antes de saber si se gana |
| Garantías | Por porcentaje | Reconocer aparte la línea consumida y las contragarantías |
| Gastos generales comunes | Por porcentaje | Definir qué entra y qué no, partida por partida |
| Control de caja | Por porcentaje | Decidirlo al inicio, no después del primer conflicto |
| Administración del consorcio | Reconocimiento al socio que administra | No diluirlo en el reparto de utilidad |
El costo que más se discute es el que no se pactó. Y en un consorcio, lo no pactado se resuelve cuando ya hay tensión de caja.
El costo de no estructurar
Es el más alto de todos y el único que no aparece en ninguna proyección. Tiene cuatro formas conocidas.
- Perder la oferta por un error de forma en la promesa: se pierde todo lo invertido en la postulación.
- No poder garantizar después de ganar: se pierde la buena pro y, con ella, el costo de la postulación completa.
- Una penalidad no trasladable al socio que la causó, por falta de cláusula o de registro.
- Una resolución por incumplimiento: el antecedente cierra líneas y compromete la calificación durante años.

Antes de la promesa, sobre una hoja: costos de formalización, costo estimado de las garantías por el plazo íntegro —incluidas posibles ampliaciones—, gastos comunes mensuales estimados, costo del control de caja y reconocimiento por administración. Con quién adelanta cada uno y cómo se recupera. Esa hoja cambia conversaciones. Muchas veces revela que el porcentaje que se estaba negociando no cubre lo que uno de los socios efectivamente va a poner, y eso es mejor descubrirlo antes de firmar.