Se ejecuta primero y se cobra después. Esa frase, que suena obvia, es el problema financiero central de la obra pública peruana y la razón por la que empresas rentables se quedan sin aire.
El desfase entre ejecutar y cobrar
La secuencia real es larga. El consorcio ejecuta durante el mes, valoriza al cierre, la valorización se revisa y se aprueba, se emite el comprobante y la Entidad paga dentro del plazo que corresponda. Entre el desembolso de la planilla de la primera semana y el ingreso del pago pueden pasar varias semanas, a veces más si hay observaciones.
Durante todo ese periodo el consorcio financia la obra con recursos propios: planillas, proveedores, alquiler de equipos, combustible. Y si hay retención por condición MYPE o amortización de adelanto, se cobra además menos de lo valorizado.
Las cuatro fuentes de caja de un consorcio
Aporte de los socios
Es la fuente más simple y la que más conflicto genera, porque casi nunca se pacta con precisión. Conviene definir en el contrato de consorcio cuánto aporta cada uno, en qué momento, y —sobre todo— qué ocurre si uno no aporta: si el otro puede cubrirlo y cobrarle con qué recargo, o si se activa alguna consecuencia.
Adelantos de la Entidad
Es la caja más barata disponible, porque no tiene costo financiero: se amortiza con las valorizaciones. Su límite es que exige constituir una garantía por el íntegro y que está sujeto a plazos cortos de solicitud. Dejar vencer el plazo del adelanto es renunciar al financiamiento más económico de la obra.
Factoring de valorizaciones
Consiste en adelantar el cobro de una valorización ya aprobada, cediendo el derecho de cobro a un tercero que descuenta una tasa. Convierte una cuenta por cobrar a plazo en caja inmediata.
Es la fuente que mejor calza con el problema real del consorcio, porque financia al ritmo de la obra y noal ritmo del banco: no depende de una línea de crédito construida durante años, sino de la calidad del documento de cobro. Para un consorcio nuevo, que no tiene historial bancario propio, esa diferencia es decisiva.
Crédito de capital de trabajo
El financiamiento tradicional. Es el más barato cuando se tiene línea y el menos disponible cuando hace falta, que suele ser justo cuando la empresa creció. En un consorcio se agrega una dificultad: el crédito lo toma una de las empresas, con su respaldo, y después hay que resolver cómo se reparte el costo.

| Situación | Fuente indicada | Por qué |
|---|---|---|
| Arranque de obra | Adelanto directo | Es la caja más barata; no tiene costo financiero. |
| Compra fuerte de materiales | Adelanto para materiales | Está diseñado exactamente para eso. |
| Desfase mensual de cobro | Factoring de valorizaciones | Calza con el ciclo real de la obra. |
| Necesidad estructural de capital | Crédito de capital | Si hay línea disponible, es la opción más barata. |
| Socio que no aporta lo pactado | Ninguna: es un problema de contrato | Se resuelve con la cláusula de aportes, no con financiamiento. |
Una obra puede ser rentable y quebrar a la empresa. La utilidad se mide al final; la caja se necesita todos los viernes.
Cómo se decide en un consorcio y quién asume el costo
El costo financiero es un gasto de la obra y debería tratarse como tal, prorrateado según lo pactado. El problema aparece cuando la necesidad de caja la genera un socio que no aportó lo comprometido: ahí el costo financiero no es de la obra, es de ese socio, y solo se le puede trasladar si el contrato de consorcio lo previó.
Por eso la cláusula de aportes debe incluir tres cosas: monto y calendario por socio, qué ocurre si uno incumple, y con qué recargo el socio cumplidor puede cubrir y recuperar. Sin esas tres, el que pone el dinero termina financiando gratis al que no lo puso.

Cuánto capital de trabajo necesita esta obra en su peor mes, no en promedio. De dónde va a salir. Quién lo pone y con qué respaldo. Qué pasa si no aparece.
Es una proyección de flujo de caja de una página. Hacerla antes de la promesa cambia por completo la calidad de la decisión de consorciarse, porque muchas veces revela que el problema no era calificar: era aguantar.