El financiamiento vía facturas negociables sigue rompiendo marcas en el Perú: en el primer semestre de 2026 se negociaron S/ 27,019 millones, un crecimiento de 14.6% frente al mismo periodo del año anterior. Y el dato más relevante para el tejido empresarial: solo en el primer trimestre, las micro y pequeñas empresas negociaron más de S/ 13,000 millones de ese total. El factoring — durante años un producto de nicho — se consolidó como una de las principales fuentes de capital de trabajo del país, y el sector construcción es uno de sus usuarios naturales.
Por qué el factoring calza con el negocio del contratista
El problema estructural del contratista es el descalce: la planilla es quincenal, los proveedores cobran a 30 días y los pagos de las obras — valorizaciones, liquidaciones, facturas a financistas privados — llegan semanas o meses después de ejecutado el trabajo. El factoring ataca exactamente ese hueco: convierte una factura por cobrar en caja inmediata, trasladando la espera a una entidad financiera a cambio de una tasa. Que el mercado haya crecido a doble dígito significa además algo práctico: más competencia entre empresas de factoring, mejores tasas y más apetito por sectores como la construcción — condiciones que hace cinco años simplemente no existían para una MYPE del rubro.

Usarlo bien: herramienta de puente, no de rescate
La experiencia deja una advertencia que conviene decir completa: el factoring bien usado es un puente entre el trabajo ejecutado y su cobro; mal usado — para tapar huecos de un flujo que nunca se proyectó — se convierte en un costo financiero permanente que se come el margen de la obra. La diferencia está en la planificación: la empresa que proyecta su flujo sabe qué facturas descontar, cuándo y a qué costo máximo aceptable; la que no, descuenta a la desesperada y al precio que le pongan. Como toda herramienta financiera, se negocia barata cuando se negocia sin urgencia.
Fuente: Produce / PQS — cifras de facturas negociables (2026). Este artículo es informativo y no constituye